Yo, entrenador ganador




Se abre el telón. Les presento al  nuevo mal endémico del fútbol base. Por desgracia ya no es un rara avis sino que lo pueden encontrar con inusitada facilidad en cualquier campo de cualquier ciudad de nuestro territorio nacional. Pasen y vean, es muy fácil distinguirlos: pueden verlos gesticular en la banda de cualquier campo de la comarca como Simeone, celebrar  los goles de partidos de prebenjamines como Unay Emery, o vivir un partido de niños de 12 años con la intensidad con que solo lo vive Mou. Para rematar el remate , les prometo que he visto a alguno hasta ocupar un banquillo de un equipo benjamín trajeado y con corbata (por desgracia es verídico).

Que oiga, allá cada uno con su gusto estético, el peligro de estos comportamientos patológicos es que imitan lo superfluo, podrían copiar la forma de entrenamiento, modelo de juego o cualquier otro aspecto que hace a esos entrenadores unos superclases. Si  imitaran algo de eso, aunque sea mal, al menos nuestros niños aprenderían  algo.

Son entrenadores GANADORES, con todas las letras. Ellos nunca pierden. Si ganan, ganan ellos por como prepararon la semana de entrenamientos basada en: dar vueltas al campo como si en lugar de a un jugador de fútbol estuviesen entrenando a un caballo cartujano. O bien en cargar en la espalda a peso muerto a su compañero como si se estuviese preparando para cargar a la Virgen Macarena. O por qué no subir escalones y cuestas como si… bueno esta comparación lo dejo a su imaginación.

Como decíamos, el caso es que nunca pierden (o no saben perder) porque cuando lo hacen saquen la ruleta de la culpabilidad: el principal afectado suele ser el pobre hombre de negro al que avasalla con una tempestad de protestas, si es un chavalito joven con cara de no haber roto un plato mejor que mejor. Más se ceban. ¿Cómo pueden osarse a tomar decisiones arbitrales en su contra? A buen seguro tendrán algo contra su persona, dada su alargada fama de entrenador. Como si el pobre chaval con cara de bueno no se dedicara al arbitraje por sacarse unas perrillas sino por joderlo, con perdón, a él, haciéndole perder este súper-mega-híper fundamentalmente importante partido de la jornada 5 del grupo 35 de la recóndita provincial gaditana.

O bien pueden girar la ruleta y en lugar de al colegiado, señalar con el dedo a un niño 9 o 10 años. La cantada del portero, el gol clamoroso fallado por el delantero: “con lo fácil que era, te dije por la escuadra” o el centrocampista que no hizo caso a sus sabias palabras en la charla táctica. Una homilía eterna en la que los niños dejaron de escuchar a los 5 minutos, el resto del tiempo se lo pasaron navegando por la red de sus imaginarios, deseando que se callara ya ese plasma de tío  y que empezara ya lo quieren, a lo que han venido, a JUGAR.

Otra característica de estos personajes es su nula formación, y sin atisbo de querer tenerla. Su formación se suele basar en un título de 65 eternas horas en las que tuvo que aguantar las  charlas de los profesores: “qué sabrán esos  de fútbol”, pensará el personaje,  que lo mismo que le entraba por el oído izquierdo le salía por el derecho. Mientras dibujaba en el cuaderno flechas para arriba y para abajo simulando los movimientos de sus peones en el próximo partido, que van a ser claves (las flechas, no los niños) en su próxima victoria. Ellos no son de tonterías de cursos de reciclaje, jornadas formativas o libros de entrenamientos. Su aprendizaje y sus metodología se basan en los 5 minutos en los que sale en deportes cuatro algún ejercicio de Madrid, Barca o Atlético. Si ve como Simeone utiliza unas escaleras de coordinación y un juego de mano-cabeza ese será el entrenamiento del próximo día, entrenamiento que él no necesita planificar, ya que para hacer los entrenamientos se basa en su impresionante capacidad de inspiración 5 minutos antes de que dé comienzo.

La vida ha avanzado mucho en estos años, el futbol base no. Años atrás se entrenaba sin conocimientos, el entrenador solía ser un ex futbolista o bien un padre voluntarioso que se hacía cargo del equipo. Tenían  desconocimiento si, poca formación también, pero entrenaban por verdadera vocación y no por el ego de las victorias. Al no saber, lo que se hacía era paradójicamente lo que se debe hacer: jugar. El entrenamiento era fácil, los jugadores disponibles divididos en dos equipos y a jugar un partido. El que era espabilado aprendía y el que no pues a otra cosa mariposa. No era lo ideal pero al menos dejaban al jugador experimentar por él mismo y sobretodo lo esencial, el jugar. Era el futbol callejero pero de manera más formal, con campo de entrenamiento, equipaciones, partidos en una competición, etc.

Eso ya no existe. Ahora se inventan ejercicios tácticos sin sentido o los ponen a hacer sesiones físicas eternas, vaya a ser que pierdan y se diga que es por baja forma. Se piensa que por ponerlos a jugar un partido va a parecer un carente de conocimientos, cuando si algo se debe hacer cuando no sabes es organizarles un partido y que al menos hagan lo que han venido a hacer, tocar la pelota y divertirse, sin que influya el tonto de turno. “Si no sabes por lo menos no molestes”, ese cartel debería estar en más de un campo de futbol para espantar a algunos de estos personajes.

Así que: queridos padres y madres, ojo. Estas caricaturas de entrenadores se lo pueden encontrar en cualquier campo, puede incluso que esté entrenando o vaya a entrenar a su hijo. Si está usted en ese caso, un consejo: huya sin mirar atrás. Cómprele a su hijo una raqueta o un palo de golf, no para pegarle al susodicho  (que se lo merece) sino para que cambie de deporte. Su hijo no podrá disfrutar de su deporte favorito, pero al menos en otros deportes podrá conseguir algo de educación deportiva y valores, algo que estamos perdiendo a pasos agigantados en el mundo del fútbol, gracias en parte a este tipo de entrenadores.

Raúl Mena, ex monitor de categorías inferiores del CD San Roque y ex scouting del CD San Roque (Tercera División). Entrenador Nivel 1.

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