¿No duerme?




Para dormir bien, los niños necesitan una rutina del sueño bien establecida, que además son capaces de adquirir desde que son muy pequeñitos.

Los errores que se cometen, y que evitan que la hora de dormir sea un momento placentero, son casi siempre los mismos:

  1. Acostar a los niños tarde. Que un niño se acueste depende de un adulto, por lo tanto, es éste el que tiene que fijar un horario y tener claro que los niños necesitan de entre 10 a 11 horas de sueño.
  2. No establecer una rutina. Bañarse, cenar, leer… estos patrones hay que llevarlos a cabo para que los niños adquieran una rutina de sueño que nos facilite la tarea de acostarlos, y a ellos de dormirse.
  3. No tener constancia. La constancia es fundamental, ya que la rutina se va a establecer a través de ella. Además, hay que dejarles claro que hay un tiempo para el juego y otro para dormir.

Existen muchas maneras de relajar a los niños para que descansen realmente bien y nos dejen descansar a nosotros.

A parte de la rutina del sueño que cada familia haya establecido, hay veces que los niños necesitan técnicas complementarias que van a aportar esa relajación extra.

  • Leer un cuento: Al leerles un cuento les estamos llevando de viaje a un mundo de fantasía, en el que les encanta ser el protagonista. A la vez que le vamos contando el cuento, vamos bostezando, haciéndoles creer que estamos agotadísimos y que tienen muchísima suerte de estar “tan bien en la cama”. Así irán asociando la cama (la cama del niño) con un lugar confortable en el que se sienten muy bien, y que no estarían mejor en otro sitio.
  • Un masajito. El masaje les hace relajarse, no solo porque ayuda a regular las funciones circulatorias y gastrointestinales, sino también porque les encanta el contacto físico que les va a proporcionar seguridad, haciendo que su musculatura se relaje.
  • Luz adecuada. Tenemos que tener claro que hay algunos niños a los que les da miedo la oscuridad, por ello una luz tenue es una buena solución para hacer más agradable la estancia.

Dormir bien tiene un gran impacto sobre el humor, la atención, el aprendizaje y el desarrollo de los niños, que podrán rendir mejor sin  problemas de comportamiento e irritabilidad.

Y ahora a la camita… ¡¡¡pero antes un besito de buenas noches!!!

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