Mercedes Caravaca: «Muchas veces no somos conscientes de que sacamos fe a la calle»




El Consejo Local de Hermandades y Cofradías de San Roque ha abierto sus puertas a Sanrópolis para poder hablar con su presidenta, Mercedes Caravaca, que ha querido compartir con los lectores de este diario todo lo que se cuece previo a la Semana Santa y cómo, desde su persona, vive estos días. Mercedes, una sanroqueña de pura cepa, comenzó en este mundo vistiendo a la Virgen de los Dolores de La Línea y más tarde le abrieron las puertas de la Semana Santa de San Roque para poder vestir a la Virgen de la Amargura, «su niña», como ella la llama. De familia muy religiosa, ha vivido estas fechas con mucha intensidad en su casa, pero siempre desde un segundo plano, ayudando a su madre a limpiar los tronos y tenerlo todo a punto para la Semana de Pasión.

Pregunta: ¿De dónde te viene esta pasión por la Semana Santa?

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Respuesta: El amor por la Semana Santa me viene heredado de mi madre. Nosotros no mantenemos una gran tradición de vestidores ni costaleros ni de nada, pero mi padre era muy religioso y mi madre lo sigue siendo. Recuerdo cuando era pequeñita el culto al Santísimo dentro de la Semana Santa, y de ahí nace un respeto enorme hacia la Semana de Pasión. A partir de ese momento, empiezo a sentirme atraída por las convivencias que hay alrededor de este mundo. Mis hermanos si tienen tradición de cargar, desde que eran adolescentes. Antes, el paso de la mujer estaba muy limitado, sólo podíamos montar claveles y poco más, tampoco se tenía esa parafernalia de vestir a las vírgenes como se tiene ahora, ni tantos cambios, y las mujeres se limitaban a la limpieza de los tronos, a guardar los enseres y a salir de penitentes. Mis hermanos eran los protagonistas de la Semana Santa en mi casa. Empecé en La Línea vistiendo a la Virgen de los Dolores. Poco a poco, con Diego Piñel, se me abren las puertas de la Semana Santa de San Roque y me invitan a vestir a la Amargura.

«Mis hermanos eran los protagonistas de la Semana Santa en mi casa»

P: ¿Cómo vivías la Semana Santa de pequeña?

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R: Viendo a mi madre sufrir la Semana Santa, porque ella, al ser tan religiosa, la Semana de Pasión la vivía con auténtico dolor. Es extremadamente religiosa y muy madre. Sé que en la sociedad en la que vivimos suena un poco fuerte, pero es así. Sigue viviéndola de la misma manera con 83 años. Recuerdo a mis hermanos con la ilusión que portaban a la Virgen de Las Angustias y arreglar el Santísimo con mi madre. Recuerdo que me daba un jarroncito pequeño y me tiraba toda la tarde con él, y luego ese jarroncito nunca lo veía por ningún lado. Limpiaba las cositas de plata, lo recuerdo con mucho cariño, pero nunca ni con capa, ni capirote ni nada de eso.

 P: ¿Qué es lo que más te gusta del mundo cofrade?

R: Desde la perspectiva que yo estoy es un poco difícil, porque lo mío es organizativo, la parte “fea”, pero lo que más me gusta es mi hermandad, evidentemente. La lucha por mi hermandad, la lucha por la tradición y, sobre todo lo que más me gusta de la historia cofrade de San Roque es la procedencia, la historia y lo que representa para San Roque, eso es lo más.

P: ¿Qué representa la Semana Santa para San Roque?

R: Es el día del orgullo sanroqueño. Nosotros nacimos en una procesión, hicimos un éxodo por no doblegarnos a la implantación de un rey, desde Gibraltar a San Roque, siempre a la espera de poder regresar a la plaza. Hace 308 años dejamos nuestras casas, nuestras posesiones y todo, pero nos trajimos la fe y las imágenes, y eso no lo podemos olvidar. Entonces, los sanroqueños estamos obligados todos los años a decir “aquí estamos con nuestro orgullo, aquí somos y nuestras imágenes siguen procesionando”. No hay que olvidar tampoco que el cura Romero, artífice de que tengamos gran parte de los enseres, archivos y de muchas de las cosas que custodiamos de Gibraltar, tuvo muchísima importancia en la historia de nuestra ciudad. Él sacrificó su vida para quedarse en Gibraltar, y desde allí poder pasar todos los enseres y todos los archivos y las cositas que todavía guardamos. Luego, cada imagen tiene su historia de cómo llegó a San Roque.

«Hace 308 años dejamos nuestras casas, nuestras posesiones y todo, pero nos trajimos la fe y las imágenes»

P: La historia que más te gusta

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R: Me apasiona la del Nazareno. Los Gibraltareños afincados aquí pidieron una procesión para que el Nazareno viniera a Generalife para compartir la devoción. Uno de los dos ejércitos que había invadido Gibraltar lo llevó, para que le pudieran rendir culto, y entonces los sanroqueños robaron, literalmente, el Nazareno y se lo trajeron con las andas para San Roque. No hubo enfrentamiento. Los soldados no quisieron disparar. No sé si fue por una orden dada o porque realmente comprendieron que era más el valor espiritual que tenía, que otra cosa. Pero fue literalmente robado. Y me apasiona, porque venirte desde Generalife corriendo con un paso cuando te están apuntado con las escopetas tiene que ser fuerte. Luego tiene otra anécdota muy bonita el Nazareno que es cuando Franco quiso hacer una exposición sobre las cosas que teníamos de Gibraltar de la que se llevaron el sello original y el trozo de adobe donde Simón Susarte escribió “Aquí lloré a Gibraltar”. Se querían llevar también al Nazareno, y el pueblo de San Roque se amotinó en la puerta de la Visitación y consiguieron que no se lo llevaran. Estamos hablando del Caudillo, no eran los tiempos de ahora. Todas estas cosas a mí me apasionan, cuando me cuentan todo lo que han tenido que luchar para que las imágenes estén aquí. Es una devoción tan grande, que nos sentimos obligados a tirar de esta tradición, por muchas cosas.

«Los sanroqueños robaron, literalmente, el Nazareno y se lo trajeron con las andas para San Roque»

P: ¿Cuántos años llevas frente del Consejo?

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R: Cinco años velando para que las Juntas de Gobierno cumplan las normas marcadas por los estatutos bases de la Diócesis de Cádiz y por el Secretariado Diocesano de Hermandades y Cofradías. También me encargo de llevar las cuentas a tiempo, que los enseres estén revisados, una serie de planteamientos que Cádiz me pide. A parte de eso, revisar la formación de todas aquellas personas que pertenecen a la Junta de Gobierno, coordinarme con el director espiritual para saber el tipo de formación que se va a dar, cuántos cursos, los horarios y demás. Luego, a nivel de hermandades, el cumplimiento de todas las normas y la organización de La Magna. Y un largo etcétera.

P: ¿Qué supone La Magna para este pueblo? 

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R: Bueno, ha tenido parones. Consecutivamente creo que el año que viene cumpliría 100 años. Para San Roque, por las connotaciones históricas que tiene, el Viernes Santo es el día grande, tanto turísticamente, como para los sanroqueños. Es el día en el que todo el pueblo se vuelca, creyentes, no creyentes, ahí está todo el mundo, respetando la Semana Santa. Unos por tradición, otros por creencias, otros por movimiento cultural, pero está todo el mundo en la calle.

«Para San Roque, por las connotaciones históricas que tiene, el Viernes Santo es el día grande»

P: ¿Cómo vives ese momento?

R: Desde hace cinco años mal, porque me pierdo todo el recorrido en la calle. Yo no salgo. El año pasado decidí acompañar al Santo Entierro y no estar en la tribuna de autoridades, porque creo que mi deber es acompañar al titular de la Magna y no estar sentada cómodamente esperando a que los demás pasen. Esto es una apreciación muy personal que tendrá varias opiniones. Entonces me lo pierdo todo. No veo las procesiones en la calle. Y luego una responsabilidad enorme. Poner 14 pasos en la calle y casi 1.500 personas es serio. Antes lo vivía de otra manera. Luego se tiene la satisfacción del deber cumplido. A pesar de todo, organizar esto es muy orgulloso y gratificante, aunque tenga muchos quebraderos de cabeza.

P: ¿Se concibe este pueblo sin la Semana Santa?

R: Para nada, rotundamente no. Este pueblo nació en procesión y seguirá. No sé si con la misma intensidad, porque los tiempos y las generaciones cambian, la mentalidad de las personas cambia, pero te puedo garantizar que el Viernes Santo siempre estará en San Roque.

«Este pueblo nació en procesión y seguirá»

P: ¿Cómo ha cambiado la Semana Santa a lo largo de los tiempos?

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R: Ha sido un proceso intenso y productivo, y ahora mismo La Magna tiene una seriedad que antes no tenía, hace relativamente poco. También esto nos ha hecho perder gente, se ha quedado gente en el camino. Porque cuando los costaleros podía salirse y tomarse sus cubatas en los varales, pues había mucha gente a las que les resultaba divertido portar los pasos. Ahora no, ahora eso no se concibe. Ahora hay muchas cosas que están prohibidas terminantemente, porque perdemos el norte y no nos acordamos de que lo que tenemos arriba es lo que tenemos. Hay una seriedad, a algunos les parecerá mal, pero creo que es lo mejor que ha ocurrido, quedarnos con los que realmente quieren estar. Esto no quita que haya alguno que salga a fumarse su cigarrito, pero que los fiscales no los vean. Todo está muy regularizado, porque tiene que ser así. Antes por ejemplo, sacaban al Cristo de la Buena Muerte y en mitad del recorrido decían los costaleros “nos lo llevamos a la barriada de La Paz”. Aunque el cura dijera que no, el Cristo era de los costaleros y ellos lo llevaban donde querían. Eso ahora es impensable y las imágenes no son de propiedad de nadie. Estas cosas son impensables, pero no dejan de ser divertidas cuando las cuentas.

«Cuando los costaleros podía salirse y tomarse sus cubatas en los varales, había mucha gente a las que les resultaba divertido portar los pasos»

P: ¿Qué es lo peor de tu responsabilidad como presidenta?

R: Pues cuando la gente no es consciente de que esto no es nada personal. Cuando te tienes que poner seria y se tienen que abrir sanciones y hay que expedientar a la gente, llamar la atención, y la gente no entiende que esto es por un beneficio común y lo consideran como algo personal. Vas dejando gente en el camino, gente que te importa mucho, gente que te importa menos. Nunca es agradable tener una opinión distinta a la de los demás e imponerla. Nunca es agradable escuchar las opiniones de la gente que no son conscientes de lo que están diciendo, que hacen daño comentándolo. Pero, sobre todo lo peor de ser presidenta del Consejo son las horas que les quito a mis hijos. Cuando ocurre algo de esto, muchas veces me pregunto que es lo que estoy haciendo aquí.

«Nunca es agradable tener una opinión distinta a la de los demás e imponerla»

P: ¿Te lo has llegado a preguntar?

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R: Muchas veces. Afortunadamente, tengo gente a mi lado que me lo recuerdan, incluso hasta el valor que no tengo. Yo sé que lo hacen para que, aunque sean cinco minutos, me lo vuelva a creer y vuelva a tirar del carro. A mí el trabajo no me pesa. Lo que me pesa es la mala conciencia de la gente, el insulto sin control, la falta de respeto, el hablar sin saber y sin preocuparte por saber, eso no me duele, me pesa.

P: Al fin y al cabo estas luchando para que ellos tenga su Semana Santa

R: Evidentemente, porque yo soy la que menos la disfruta.

P: ¿Y lo mejor?

R: La gente con la que me rodeo, y sobre todo saber que he tirado de esto, no sé el tiempo, pero lo estoy haciendo. Eso es un orgullo muy grande.

P: Tu Hermandad es la del Cristo de la Buena Muerte y la Virgen de la Amargura, ¿Por qué ésta?

R: El Cristo es el que hemos venerado mi familia y yo siempre, porque Luis Ortega Brú era amigo de mis padres y ellos me contaban cuando iban al taller a ver hacer el Cristo. Te une esa cosita de la historia que te han contado. También porque mis hermanos, después de Las Angustias, no sé el motivo, se pasaron a llevar al Cristo, entonces me cogió en la época que yo era más adolescente y recuerdo mucho como era en casa toda la parafernalia de portarlo. Y luego porque cuando me llamaron para vestir a la Virgen, me pusieron en mis manos a mi niña, a la Amargura, entonces yo ya no me voy a poder despegar de ella.

«Cuando me llamaron para vestir a la Virgen, me pusieron en mis manos a mi niña, a la Amargura»

P: ¿Cuántos años llevas vistiéndola?

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R: Nueve años. Tenemos una conexión que  no me lo va a quitar nadie.

P: ¿Cómo es ese momento de vestir a “tu niña”?

R: Vestir a la Amargura es el momento más bonito de toda la Semana Santa, cuando ella y yo estamos juntas. Ahí saco todo lo que no puedo sacar ni en reuniones, ni en momentos de agobios, etc. Es un momento muy íntimo, no te lo podría describir. Es mi momento, lo que me compensa. Yo le digo “échame una manita que tengo ahora esto. Mira si me estoy equivocando en esto…”. Además, es con ella. A él lo tengo al lado, lo miro y le digo “que guapo eres”, pero es ella, ella. Y le meto cositas en la espalda, y a lo mejor tengo a alguien que está malo y le meto un pendiente de esa persona, está llena de cositas. Y luego ella y yo hemos vivido muchas cosas muy profundas que me ha unido con mucha gente, con enfermedades. Ella y yo estamos unidas por un lazo que ni se puede explicar. Esto va a sonar a tontería lo que voy a decir, pero te prometo que es verdad, mi Virgen y yo no nos vamos a separar en la vida, -emocionada-. Porque nos unen tantas cosas de fe, de ilusión, de depositar confianza, es algo inexplicable. Cuando voy a vestirla, me santiguo siempre y le digo, “anda échame una manita” y hay veces que se viste sola. Hay veces que cuando termino le digo “que guapa te has puesto”, porque se viste sola. Las manos se me van, y cuando he terminado digo que se ha vestido sola. La veo la más guapa del mundo, y para mí es mi niña.

«Vestir a la Amargura es el momento más bonito de toda la Semana Santa, cuando ella y yo estamos juntas»

P: ¿Cómo fue la primera vez que te dijeron “puedes vestirla”?

R: Estaba loca de contenta, tenía muchas ganas de vestir a una imagen en San Roque. Cuando la vi estaba muy emocionada. Además, lo recuerdo con muchos nervios porque estaba con Diego Piñel, que entonces era Hermano Mayor de la Cofradía y estaba nerviosa por si no les gustaba. Pero fui muy bien aceptada, me abrieron los brazos corriendo, la integración dentro de la cofradía fue genial y desde entonces hasta hoy. Luego llegó de hermano mayor Manolo Santana, que fue presidente del consejo muchos años y me dijo que si quería echarle una manita para el Consejo. Acepté encantada y mira como me veo hoy, «echando una manita». Los dos, Dieño Piñel y Manolo Santana son los culpables de esta situación –bromea-.

P: ¿Crees que hoy en día la gente que sale en Semana Santa lo hace más por fe o por tradición?

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R: Aquí en San Roque por las dos cosas. La Semana Santa de San Roque es muy peculiar, y esa peculiaridad pasa por la historia, la tradición y como no por la fe. Tenemos gente en los varales que no son practicante, e incluso gente que no está bautizada. Es inexplicable, se dejan guiar por la tradición, pero lo hacen con un respeto increíble. El otro día fui a un ensayo de la Amargura, y dije “voy a meterme debajo”. Cuando lo hice me di cuenta del gran peso que tienen que soportar los cargadores y pensé “ahora entiendo porque soy presidenta y no cargadora”. Con esto quiero decir, que si tú estás chupándote 40 o 50 kilos de peso y no estás creyendo en lo que estás portando, ¿qué te mueve? A mí me llama la atención, porque cuando estás llevando a tu Amargura, en mi caso, dices es que mi niña está ahí, voy a hacer un esfuerzo. Pero cuando no crees en lo que tienes arriba ¿qué te mueve a ese sufrimiento? Que no me digan que es para lucirse porque sólo lo pueden hacer los puntas varales, ¿y los que van debajo? Yo no lo entiendo, pero me imagino que cada uno tendrá una historia personal. A lo mejor hay una pequeña pizca de fe escondida que les hace cumplir. Es muy curioso.

«Si te estás chupando 40 o 50 kilos de peso y no estás creyendo en lo que estás portando, ¿qué te mueve?»

P: ¿Qué es lo que tiene que tener un buen cofrade?

R: No perder el rumbo de que somos Iglesia. Formarse en por qué estamos en las cofradías, crear hermandad me parece importantísimo para mantener todo esto, y trabajar para lo que estamos, que es la caridad, y en el caso de San Roque, el mantenimiento de la cultura y la tradición, sin olvidarnos nunca que somos un brazo de la Iglesia y que hay muchísima gente a la que ayudamos gracias a que sacamos los pasos, invertimos dinero en flores, enseres, etc. También colaboramos con Cáritas y con el Pueblo Saharaui. No sólo estamos aquí para sacar a las imágenes. El ayudar está antes. Y si no fuéramos capaces de mantener las dos cosas, mi cometido aquí no tendría sentido ninguno, porque entonces sería vanidad.

«Si no fuéramos capaces de ayudar y sacar las imágenes, mi cometido aquí no tendría sentido ninguno, porque sería vanidad»

P: ¿Cómo funciona un Consejo de Hermandades?

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R: Pues se rige por unas normas, que se llaman los estatutos bases, que están aprobadas por el Obispado, pero que pertenece al Secretariado Diocesano de Hermandades y Cofradías. Nosotros a la vez, dentro del consejo tenemos un reglamento de régimen interno propio. Normalmente los consejos no lo tienen, por lo que a la hora de llevar el control de la Semana Santa lo tienen muy complicado, pero nosotros lo tenemos por la característica de la Magna. Es muy básico, de comportamiento, horario, cómo deben de ir, quién rige y dirige la procesión, qué fiscales, etc. Si esas normas se incumplen, el Consejo local tiene potestad para sancionar. Esa persona o cofradía sancionada, puede presentar unas alegaciones al Secretariado Diocesano de Hermandades y Cofradías que dirá quién lleva la razón. Si se dicta a favor del Consejo, tienen otro plazo de alegación al Delegado Episcopal y éste dictaminará la resolución que será inapelable.

«Si las normas se incumplen, el Consejo tienen potestad para sancionar»

P: ¿Qué tipo de sanciones se imponen?

R: Desde sanciones económicas, sanciones de no salir el Viernes Santo, hasta plantear extinguir la Hermandad. Es muy serio y muy doloroso, para las dos partes. Y aquí se han hecho varias sanciones ya. La primera a la que sancioné fue a Buena Muerte, por incumplimiento de las normas de régimen interno. A mi propia Hermandad. No sentó muy bien, pero funcionó. Fue una sanción económica, con el 50% de la subvención, cosa que en ese momento nos dolió, pero había que hacerlo y se hizo.

P:  ¿A dónde va ese dinero?

R: A la bolsa de caridad. Y ya de ahí se reparte de la manera que se tenga que repartir.

«La primera hermandad a la que sancioné fue a Buena Muerte»

P: ¿Sigue tu familia esa tradición cofrade?

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R: Mi marido es agnóstico, con lo cual tenemos un pequeño conflicto dentro de la casa. Mi hija tiene mi carácter y es capillita. Esa sí que lo va a llevar heredado. Candela es una niña que creo que le gusta. Tiene las ideas muy claras, le encanta todo este mundo, pero su Buena Muerte y su Amargura le quitan el sueño. No se apasiona por vestir a la imagen, lo ve desde muy pequeñita y piensa que es algo normal. Le encanta poner flores, subirse en el paso cuando yo la estoy vistiendo, juega mucho. Tiene once años y desde que era muy pequeñita juega mucho. Me hace gracia porque cuando ella sea mayor dirá “yo me metía debajo del paso de la Virgen y del Cristo”, y eso me ilusiona. Mi hija se me ha quedado dormida en un banco de la Iglesia a las tres de la mañana preparando el paso. Eso la ha llevado a la adoración del Santísimo, a acompañarme en las salidas procesionales cuando he sido presidenta. Ella está viendo una visión muy especial de la Semana Santa, la está viviendo muy intensamente desde dentro, y con un privilegio. No todo el mundo puede estar en todas las salidas. Ella me dice “mamá tú no te salgas de presidenta”. Quiere vivir este mundo con la intensidad con la que lo está viviendo, porque evidentemente cuando yo no esté, no será lo mismo.

«Mi hija se me ha quedado dormida en un banco de la Iglesia a las tres de la mañana, preparando el paso»

P: ¿Cuánto trabajo hay dentro de cada Hermandad?

R: Muchísimo. Nadie lo sabe, sólo el que está dentro. Afortunadamente, dentro de las hermandades existen pilares muy fuertes de gente muy silenciosa que trabaja mucho, quizás los cargos que se ven fuera con las varas de mando y las medallas son los menos trabajadores físicamente. Cuando digo esto, no quiero decir que no trabajen, sino que hacen otro tipo de labores. Aquí todo el mundo no puede servir para limpiar, ni todo el mundo puede servir para llevar las cuentas, ni para organizar. Cada uno tenemos un carácter y servimos para lo que podemos. Tan importante es una cosa como otra. Pero dentro de las hermandades hay gente muy agarrada a la cofradía que son los que mantienen enseres, limpieza, etc., esa vida dentro. Hay mucho trabajo económico, y físico más. No lo sabe nadie, sólo los que están dentro.

«Dentro de las hermandades existen pilares muy fuertes de gente muy silenciosa que trabaja mucho»

P: ¿Qué es lo que esperas para esta Semana Santa?

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R: Que salga el sol, eso es fundamental. Vine con agua y no me quiero ir con agua. Quiero ver ese recorrido que pusimos el año pasado por la Alameda sin miedo a que llueva. El año pasado lo pasé muy mal, estuve en contacto continuamente con Tarifa para que me informaran del tiempo, estábamos obligados a salir porque llevábamos dos años sin Magna y eso nos ha repercutido muchísimo. Ha habido gente que se ha desmotivado y se ha notado. Entonces quiero que luzca el sol, que los negocios se llenen, que el pueblo esté a reventar, que la gente disfrute de los pasos que le sacamos, porque muchas veces no somos conscientes de que le sacamos fe a la calle. Me doy cuenta de esto cuando salgo en procesión y veo que desde una esquinita, entre la multitud, una señora mira a su Cristo, cierra los ojos y pide, ahí soy consciente de lo importante que es mi trabajo. Mientras estamos organizando me enfado, me irrito, pero cuando salgo y veo a una señora que mira y pide, pienso «Dios mío de mi alma qué le estará pidiendo». Se me ponen los vellos de punta y pienso que esto merece la pena. No somos conscientes de la suerte que tenemos de tenerlos cerca. Hay gente que no entra a la Iglesia a ver las imágenes, muchas veces por pudor. Cuando las sacas a la calle es como decirles “toma, aquí lo tienes, pídele, rézale, míralo, haz lo que quieras, te lo he sacado para ti”. Y esos momentos a mi me llenan de orgullo.

 

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