Mª del Carmen Castillo: «El contacto con niños discapacitados me ha cambiado la vida»




Esta semana Sanrópolis se ha adentrado en el mundo ecuestre, concretamente en la hipoterapia. María del Carmen Castillo, presidenta del Centro de Hipoterapia de la Fundación Santa María Polo Club, ha querido compartir con los lectores de este diario la esencia del caballo como terapia, sus aportaciones y sus vivencias personales en esta materia. Mamen, como es conocida, es de Jerez, pero ha pasado prácticamente toda su vida en Sevilla. Estudió Pedagogía e hizo la especialidad en atención temprana y logopedia. Además, consiguió el técnico deportivo de equitación, homologó sus estudios con magisterio de Infantil y realizó un máster en terapias ecuestres.

Saray Rojas/Sanrópolis

Pregunta: ¿Cuánto tiempo llevas trabajando en este centro?

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R: Desde que se fundó hace cinco años. Soy pedagoga y maestra, y antes estuve trabajado en un colegio en Algeciras y luego en un despacho de abogados. Presentamos el proyecto de hipoterapia en Santa María Polo Club, les gustó y se presentó al Ayuntamiento. Estuvimos cinco años viendo posibles ubicaciones para el centro. En 2008 se creó la fundación y en 2009 fue cuando se inauguró el Centro de Hipoterapia.

P: ¿Cuál es el objetivo principal de la fundación?

R: La fundación tiene tres obejtivos: el centro de hipoterapia, la formación en oficios hípicos y la enseñanza de la equitación como deporte de base. Ahora mismo el Centro de Hipoterapia funciona al 100%. En la escuela deportiva damos las clases a través de un programa junto al Ayuntamiento de San Roque, que subvenciona las clases de treinta chicos. En la parte de formación, hemos dado cursos de herrador, auxiliar veterinaria, etc. También damos los cursos de verano de San Roque con la Universidad de Cádiz sobre hipoterapia.

«La fundación tiene tres objetivos: el Centro de Hipoterapia, la formación en oficios hípicos y  la equitación como deporte de base»

P: ¿Qué requisitos tiene que cumplir un niño para dar clases de hipoterapia?

R: Tenemos entre 90 y 95 niños semanales de lunes a viernes. El único requisito es que tenga algún tipo de discapacidad, que se lo haya recomendado su médico, su rehabilitador o terapeuta y una autorización del médico que nos confirme que realmente no hay problemas para que pueda realizar la terapia. Luego muchas ganas de trabajar y muchas ganas de mejorar.

«Tenemos entre 90 y 95 niños semanales de lunes a viernes»

P: ¿Qué reacción tienen la primera vez que se montan en un caballo?

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R: La primera vez tienen distintas reacciones. Hay niños que al principio están asustados y no sabes muy bien qué es lo que quieren, y otros que se lanzan al caballo. Por lo general, a los cinco minutos todos estas encantados. No hay un niño que se haya llevado toda la clase llorando. Son muy receptivos, más que los adultos. Les extraña un poco al principio el movimiento, porque ellos están acostumbrados a estar en tierra y los estas montando en algo que se mueve. El arrancar del caballo es lo que a algunos niños les impacta más.

P: ¿Cómo es la relación con los animales?

R: Es maravillosa, una relación que con nosotros no la tienen. Cuando llegan, antes de saludarte a ti se van a saludar al caballo. También hay niños que a lo mejor no te fijan la mirada y se pueden llevar mirando el ojo del caballo, que tiene una belleza impresionante y trasmite tantísimo, durante cinco o diez minutos sin separar la mirada. Como si no existiese nada más en el universo, sólo ellos dos. Eso a los padres les impacta. Es maravilloso. Sienten a los caballos como suyos. Los acarician, los cepillan, si los ven sucios te dicen “hoy no habéis limpiado bien a mi caballo, mira está sucio”, nos riñen. Cogen el cepillo y se ponen a limpiarlos. Esto también forma parte de la actividad que hacen. Intentamos que algunas veces dediquen, aunque sean cinco minuto, a tener contacto directo con los animales.

«Sienten a los caballos como suyos»

P: ¿Y los caballos?

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R: El caballo sabe en todo momento a quién tiene encima. Un caballo se comporta totalmente diferente cuando tiene a un niño de hípica y cuando tienen a uno de hipoterapia. Saben perfectamente a quién tienen arriba. Indio, el poni que nosotros tenemos, lo enganchamos en un cochecito de caballos y va con mucha vitalidad, acelerado, le gusta. Cuando llega un niño de hipoterapia, se relaja y no es capaz de mover una oreja. Tenemos un ejercicio que es pedirles a los niños que cambien de posición, y en el momento en el que el caballo nota que el niño está levantando la pierna, se para. No hace nada, es incapaz de moverse. Como si supiesen que lo que tienen arriba es tan valioso que no puede pasarles nada. Y cuidan perfectamente de ellos.

P: La evolución de los niños

R: Con el tiempo van mejorando muchísimo a nivel motórico. Se nota mucho la evolución en el control del tronco, de la cabeza, el tono muscular, el equilibrio, la coordinación. Estamos muy pendientes a la hora del lenguaje, siempre estamos interactuando con ellos. No se trata de dar un paseo en silencio y que ellos vayan trabajando. Se trata de ir interactuando con los niños en todo momento, haciéndoles preguntas, que contesten, que sean capaces de seguir una conversación guiada por ti, que sean capaces de interactuar con el resto del personal que trabaja aquí, ya sea dentro de las instalaciones como de la urbanización. Tienen muchos estímulos a su alrededor. Intentamos aprovechar todo lo que tenemos a nuestro alrededor.

«El caballo sabe en todo momento a quién tiene encima»

P: Se relacionan con los niños de hípica ¿verdad?

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R: Si, y eso fue un miedo que tuvimos al principio por lo que pudiesen opinar los padres de los niños sin discapacidad sobre la hipoterapia. Sabemos, por desgracia, que hay padres que no están de acuerdo con que sus hijos estén en contacto con niños que, según ellos, “están malitos”. Nos daba recelo por el niño que tiene algún problema, pero que es consciente de lo que pasa a su alrededor. No quiero que tengan ninguna experiencia negativa porque un niño le haga algún tipo de comentario o le mire de forma diferente. Lo primero que hacemos con cualquier chico que entra en hípica es explicarle a lo que nos dedicamos, porque muchas veces les pedimos ayuda con las terapias y tienen que hacerlo. Si tienen algún tipo de reticencia o problema, prefiero que no vengan.

P: ¿Y cuál ha sido el resultado?

R: Hasta el día de hoy lo único que hemos conseguido han sido cosas maravillosas. Los niños de la hípica están más responsables en casa, más comunicativos, más receptivos a lo que les dicen los padres, son más conscientes de que son muy afortunados, y eso se trasmiten en su vida diaria.

» Por desgracia hay padres que no están de acuerdo con que sus hijos estén en contacto con niños que, según ellos, están malitos”

P: ¿Qué tipo de discapacidades trabajáis?

R: Cualquier tipo, tenemos niños con parálisis cerebral muy afectados, que no hablan, que prácticamente no se mueven, que no tienen control de tronco, que se dirigen a ti por la mirada y por la sonrisa. Y niños que están en integración dando clases de doma perfectamente, incluso dando algún saltito. Tenemos un abanico muy amplio. Desde un trastorno del lenguaje, un problema de comunicación, hasta niños con autismo profundo, enfermedades raras, espina bífida, etc.

P: ¿Qué aporta la hipoterapia para los niños, sobre todo los que tienen un grado de discapacidad más alto?

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R: La calidad de vida les mejora muchísimo. Entre otras cosas, sólo el hecho de que una madre diga que su hijo ha reconocido la garita de seguridad de la urbanización y en cuanto ha llegado a la rotonda se ha puesto a sonreír, ya para mí eso es un logro. En cuanto llegan, sus miradas se dirigen automáticamente al caballo, y la relación que tienen con los monitores es espectacular, las sonrisas que dan, el que te extiendan una mano para  intentar tocar el caballo, que a muchos les cuesta muchísimo. Se mantienen sentados y se relajan.

«Cualquier mínimo gesto es un logro»

P: Muchas personas piensan que hay niños discapacitados que no entiende, pero eso no es así, ¿verdad?

R: Para nada. Nos creemos que los niños con parálisis cerebral no entienden, pero saben más de lo que nos imaginamos. Por ejemplo, tenemos un niño con esta discapacidad que lleva trabajando con nosotros cinco años, es muy nervioso. Estas navidades hicimos una fiesta para los niños de hípica e hipoterapia y el niño le había dado a la madre el viaje del siglo desde su casa al centro. Llorando, irritado, no había quien lo calmase. Fue ver el coche de caballos con el paje real, y ese niño era otro. Estaba relajado, contento, feliz. La cara de ese niño en las faldas del paje te compensa cualquier trabajo que hayas hecho durante todo el año. Comprendía perfectamente con quién estaba. Cuando la madre dijo «nos vamos», volvió a estar igual de espástico, irritable, enfadado y de mal humor que cuando había llegado. Nos creemos que no entienden, pero entiende todo por los gestos, por lo que les hablas, saben perfectamente quién les está hablando. Estos niños son como esponjitas que van cogiendo todo lo que tienen a su alrededor. Cuando tu le repites las cosas, les hablas con suavidad, con cariño, lo entiende perfectamente. Y saben cuando estás enfadada, saben que han hecho algo que no está bien. Sí que te entienden.

«Estos niños son como esponjitas, que van cogiendo todo lo que tienen a su alrededor»

P: Se ve que te gusta tu trabajo

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R: Me encanta, me apasiona. Lo adoro porque además tengo tres hijas y veo lo bien que les hace a ellas. Son felices aquí. Independientemente de que le gusten los caballos, se implican en las terapias, cuando necesitamos ayuda son las primeras en venir. Te aportan muchísimo. Los adultos tenemos un defecto, y es que nos olvidamos de lo que nos gustaba cuando éramos niños y de lo que disfrutábamos con las cosas más pequeñitas. Tener a un niño a tu lado que te lo recuerda es maravilloso. Cuando empezamos con las terapias, muchas veces hay cosas que se hacen rutinarias, y algunas veces mis propias hijas me dicen, “mamá, si tienes un puzle ahí que es fantástico de animales y tu les estás diciendo los nombres de los animales que tenemos alrededor, ¿por qué no te llevas el puzle al centro y se lo enseñas?” Y así muchas cosas. Tienen esa picardía de niños que saben lo que les gusta a los pequeños y que hace que vuelvas otra vez a recoger cosas que a lo mejor de otras formas las vas perdiendo. Eso es maravilloso en tu vida, ya sea fuera o dentro del trabajo.

«Los adultos tenemos un defecto, y es que nos olvidamos de lo que nos gustaba cuando éramos niños»

P: ¿Qué es lo que más te impresiona de este centro?

R: La forma en la que los niños de hípica han aprendido a convivir con la hipoterapia. Cuando empezamos, hice una convivencia. Me llamó mucho la atención que estaban todos los niños de hipoterapia jugando entre ellos, con sus dificultades, y en un rincón me veo a las tres niñas que no tenían ningún tipo de problema. Me giré a las madres y les dije “¿quién tiene que integrar a quién?” Que un niño se gire en una calle porque ve una silla de ruedas no debería ser habitual, deberían ver una silla de ruedas o un niño con bastones sin ningún tipo de problema. En esta ocasión pasó un caso muy curioso. Un niño con parálisis que no controla bien sus movimientos le decía a otro que estaba un poquito peor que él “venga que te ayudo a pintar, que te voy a enseñar”, nos hizo mucha gracia. Son maravillosos.

«Lo que más me impresiona es la forma en la que los niños de hípica han aprendido a convivir con la hipoterapia»

P:  La sociedad no ha avanzado en este aspecto, ¿no?

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R: No, y cuesta trabajo. Es verdad que en verano me viene gente de Inglaterra que viene precisamente para que sus hijos tengan terapias aquí. Me dicen que en España pueden salir más con sus hijos a la calle que en su país. Allí se ve peor. Dicen que no salen a cenar con sus hijos, y aquí salen y no los miran tanto. También creo que con el tiempo vamos haciendo que esto salga más a la luz. Antes era el típico niño raro que estaba en casa y no salía. Ahora los padres hacen mucho más por integrarlos, y porque la sociedad se dé cuenta de que son niños normales, que tienen los mismos derechos y que aportan a la sociedad mucho más que cualquier otro. Al final creo que la gente empieza a verlo y a ser conscientes.

«Con el tiempo vamos haciendo que esto salga más a la luz. Antes era el típico niño raro que estaba en casa y no salía»

P: ¿Has trabajado antes en hipoterapia?

R: Yo hice Pedagogía, estuve varios años en psiquiatría infantil en Sevilla, me formé en atención temprana y logopedia, y siempre he montado a caballo. Hice el técnico deportivo, y desde el primer momento tenía claro que quería unir la discapacidad con el mundo del caballo. Si que había visto algo, pero no había trabajado a fondo en esto. Había hecho cursos y había estado en contacto con este mundo, pero nunca tan a fondo como ahora.

P: ¿Qué es lo más duro de este trabajo?

R: Nosotros trabajamos con todo tipo de discapacidad y también hemos tenido casos de cáncer infantil y algún niño se ha quedado por el camino. Sin embargo, ha dado como resultado una labor maravillosa que están llevando a cabo sus padres que es la asociación ‘Por una sonrisa’ que en el Campo de Gibraltar está ayudando muchísimo. Pero ese ha sido uno de los peores momentos de la hipoterapia, ese y el de una niña que estaba con su discapacidad, pero muy bien trabajada. Después de una operación rutinaria se ha quedado como un vegetalito. Está empezando a mejorar, a sonreír, a reaccionar, pero está todavía muy afectada. Cuando  te llega un niño, piensas que vas a trabajar para que mejore, en ningún momento piensas que puede ir a peor. Y en cuanto ves un empeoramiento, o que un niño deja de estar, pues es duro. No te puedes imaginar como un niño de 10 años que  forma parte de tu vida y de tu tiempo, de repente se va y ese tiempo se queda vacío.

«No te puedes imaginar como un niño de 10 años que forma parte de tu vida, de tu tiempo, de repente se va y ese tiempo se queda vacío»

P:  ¿Y lo mejor?DSC06262 (FILEminimizer)

R: Todo lo que te aportan los niños. El hecho de que te digan los médicos que una niña  no se va a mover, no va a poder levantarse y de repente ves que se sienta, es increíble. He llegado a tirar a esa niña veinte veces a la camilla de espaldas, porque no me creía que se estuviera sentando sola, y he llamado a la madre histérica para que lo viera. Y decir que nos hemos llevado trabajando un año y medio para esto, sólo y exclusivamente para que se siente, pero lo ha conseguido. Ahora la niña está escolarizada, caminado y haciendo una vida relativamente normal. Con mucha más calidad de vida que si hubiéramos hecho caso a ciertos médicos y no la hubiésemos estimulado. Todavía, por desgracia, hay algún médico que es de la vieja escuela y piensa que lo que está de Dios está de Dios.

«Todavía, por desgracia, hay algún médico que es de la vieja escuela y piensa que lo que está de Dios está de Dios»

P: ¿Aprendes de estos niños?

R: Más que de cualquier adulto. A diario y en cada momento. Son niños que te enseñan que por muchos problemas que tengan siempre tienen una sonrisa. Y nosotros le damos tanta importancia a las tonterías, que cuando tenemos un pequeño detalle no nos damos cuenta de lo que tenemos delante. Ellos en una simple flor ven un ramo de rosas, en una sonrisa están viendo el mundo entero, el cómo te hablan de sus padres, cómo te sonríen cuando te ven, cómo juegan entre ellos. Además, se ven muy capaces de hacer las cosas y ese “soy capaz” hace que tiren para adelante con cosas que para nosotros sería imposible. Niños que tienen dolores y que siguen y no le dan mayor importancia.

«Son niños que te enseñan que por muchos problemas que tengan, siempre tienen una sonrisa»

P: ¿Por qué decidiste estudiar pedagogía?

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R: De toda la vida quise hacer Farmacia. Mi abuela es farmacéutica, mi madre farmacéutica, mi padre es médico, toda mi familia está relacionada con el mundo de la sanidad. Cuando me matriculé para la Universidad, en las opciones a marcar puse Farmacia como la primera opción y Pedagogía como la segunda. Todo el mundo me decía que estaba loca, porque son dos polos opuestos. Entré primero en Pedagogía, tenía muchas posibilidades de entrar en Farmacia en el segundo corte. Pero en el último minuto cambié de opinión. Me había ido de vacaciones con mis abuelos y me llevé todas las noches soñando con la enseñanza. Soy de las que piensan que cuando se te repiten tanto las cosas es por algo. En el último minuto llamé a mi padre y le dije “matricúlame en Pedagogía, porque quiero intentarlo”. Aún así me sigue encantando la Farmacia. Cuando llego a casa de mi madre voy a la Farmacia y me sigo metiendo detrás del mostrador. Me encanta, pero es verdad que empecé Pedagogía y te engancha de una forma especial.

P: Lo que más te gusta de tu profesión

R: Me gusta enseñar, estar en continuo contacto con los niños. Es verdad que me gustan más los  pequeños que los más grandes. Siempre he dicho que prefiero un público de menos de metro y medio. Son más expresivos, sabes realmente cuando te están escuchando, cuando les gusta, cuando no, sabes por dónde ir dirigiendo. Con los adultos es muy difícil. Nos hacemos una carcasa y no somos capaces de expresar. La enseñanza y el primer día que tuve contacto con niños con discapacidad me cambió la vida.

«Prefiero un público de menos de metro y medio»

P: Es cierto que la lógica de un niño supera la de un adulto

R: Es cierto y con eso tengo una anécdota. Estuve varios años de voluntaria en una fundación que trabaja para niños con cáncer en Sevilla. Recuerdo que había un niño que llevaba dos meses pidiendo un globo de esos grandes que se llenan con arroz y hacen ruido. La madre y yo no lo encontrábamos por ningún sitio. Un día la madre encontró tres y se los trajo, uno para él y los otros dos para los compañeros de habitación. El niño, feliz, se fue a dar un paseo por el pasillo y tardó cinco minutos en volver sin globo. La madre se quería morir, “llevamos buscándolo dos meses y ya lo has perdido, ¿qué has hecho con él?” El niño le dijo que había pasado por la habitación de un pequeño que acaba de salir de quimio y estaba vomitando y «cuando ha visto mi globo se ha puesto muy contento. Y como yo se lo mal que se pasa se lo he dado”. La madre y yo nos miramos y dijimos somos imbéciles, somos idiotas porque la lógica de un niño supera la de un adulto siempre. Y la generosidad de un niño está por encima de la de un adulto quinientas veces. Un niño lo da todo mientras que un adulto se piensa 20 veces si lo da o no. Fue en ese momento cuando dije me tengo que dedicar a ésto.

«La lógica de un niño supera la de un adulto siempre»

P: Eres de Jerez, has vivido tu infancia en Sevilla y ahora San Roque, ¿cómo llegaste aquí?

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R: Seis meses después de casarme mi querido esposo dijo que se venía a vivir a Sotogrande, así que no me quedó más remedio que seguirlo. Me gusta la calidad de vida que tenemos mis hijas y yo aquí. Es algo que no tengo en una gran ciudad. Mis hijas salen del colegio y están aquí al aire libre. Puedes disfrutar de la tranquilidad, no vas acelerada, te da muchas cosas. San Roque es una ciudad que tiene muchos recursos, muchas actividades para los niños, bailes, idiomas, manualidades, deportes, etc. Y luego es una ciudad que nos ha acogido muy bien. Está muy implicada con el Centro de Hipoterapia, no sólo a nivel institucional, que el Ayuntamiento nos ayuda en todo lo posible, sino la gente del pueblo. Nos conocen y si tenemos una fiesta se vuelcan, siempre nos ayudan.

«Me gusta la calidad de vida que tenemos mis hijas y yo aquí. Es algo que no tengo en una gran ciudad»

P: Recibisteis una mención de honor del Ayuntamiento.

R: Me sorprendió porque creo que hay mucha gente en San Roque que se lo merece muchísimo. Nosotros llevamos muy poco tiempo. Nos la han dado a los cuatro años de vida de la fundación del Centro de Hipoterapia. Creo que es algo muy importante, y en parte en ese momento pensé que era un poco prematuro, pero un honor el que piensen en ti y que consideren que la labor que estás haciendo merezca esa mención.

P: ¿Qué aporta esta fundación a la comarca?

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R: Creo que aporta algo que antes no tenía. Siempre hemos visto la discapacidad trabajándola en sala, en los ambulatorios, centros de salud, atención temprana. Creo que hemos hecho salir un poquito más a la luz el mundo de la discapacidad. Se han creado muchos centros nuevos dedicados a ésto. No sé si a consecuencia de que empezáramos nosotros, pero si han sido posteriores, y están trabajando muy bien, con terapias muy novedosas.

«Es un honor que piensen en ti y consideren que la labor que estás haciendo merezca esa mención»

P: ¿Cómo es María del Carmen?

R: Con muy mal genio, aunque no lo parezca, con mucho carácter. Creo que es una persona que ha tenido claro lo que quería, le ha costado mucho conseguirlo, porque el tema de la hipoterapia no es fácil por lo caro que es. Que tenía muy claro cómo quería que se hiciera este centro. No quería un centro en el que se monte a un niño a caballo y se le da un paseíto y el personal no está cualificado. Aquí todos lo están. Soy muy exigente a la hora de que las cosas se hagan bien hechas. Soy dura con los niños, no me achanto fácilmente ante los caprichos de un niño. Si tengo que reñirles lo hago y se les tengo que dar cariño se lo doy. Soy la más cariñosa del mundo, pero cuando estoy enfadad lo saben y saben que han hecho las cosas mal. Me encanta mi casa, me encantan mis hijas, disfruto con ellas más que con nada en el mundo, me encanta pasar tiempo con ellas. Este trabajo es muy absorbente, pero busco huequecitos para ellas en exclusividad, son mi tesoro. Y sin mi marido esto no hubiese sido posible, este proyecto es un proyecto conjunto. Si no hubiese sido por él, que creyó en el proyecto y luchó ante la fundación para que se crease y viesen que realmente daba resultados, esto no hubiese sido posible. Le debo mucho, y a mi familia también.

«Me encantan mis hijas, disfruto con ellas más que con nada en el mundo. Son mi tesoro»

 

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