General Lacy, un sanroqueño mártir de la libertad




Seguidor de los principios liberales del siglo XIX, valedor de la Pepa de 1812, un militar audaz y estratega que cruzó el país en un arriesgado viaje para entregarse a una causa, para defender a los suyos. Soldado de cuna que militó por la idea de libertad, incluso con su propia vida. Las aventuras de este sanroqueño, Hijo Predilecto de la ciudad, no dejan indiferente.

Este año se cumple el bicentenario de la muerte del general Lacy, uno de los muchos otros ilustres sanroqueños que han dejado un rastro mayúsculo en la historia.

Lo cierto es que, a pesar del tamaño de San Roque, esta ciudad ha proyectado grandes personajes históricos no sólo a nivel local o autonómico sino también a escala nacional y en muy distintas disciplinas. El general Lacy es uno de ellos; un militar de ideas progresistas, defensor de la Constitución de 1812, que dio su vida por la libertad.

Luis Lacy y Gautier nace en San Roque en 1775. Desde muy pequeño está en contacto con el entorno militar, ya que tanto su familia paterna como materna tenían orígenes militares, había “mamado la milicia”. Prueba de ello es que con tan sólo diez años se inicia en el ejército como cadete. Así nos lo explica Antonio Pérez Girón, cronista oficial de San Roque que ha querido acercarnos esta figura histórica.

Después de un enfrentamiento con el Capitán General de Canarias, donde estaba destinado, y tras un año de presidio en Cádiz, Lacy se integra en las tropas del ejército francés. Precisamente, en el levantamiento del 2 de mayo de 1808, Lacy llega a España con las fuerzas francesas. Sin embargo, en ese momento, su espíritu patrio le empuja a desertar y ofrecer toda su disposición al ejército español; “considera que su país está siendo invadido y eso no es admisible para él”, apunta Pérez Girón.

Él vivía el ejército. Fue un hombre entregado completamente a su profesión militar, además entendía que había que luchar a pesar de los peores momentos.

A partir de entonces, su carrera militar corre como la pólvora, construyendo un brillante currículum durante la Guerra de la Independencia. El general Lacy demostró ser un auténtico estratega, un militar muy audaz, con experiencia y con una visión de la guerra mucho más moderna; por ejemplo, señala el cronista, embarcaba en el Cádiz sitiado y desembarcaba en las costas ocupadas por los franceses, se introducía en las sierras, levantaba los pueblos en contra de los invasores, incluso promovió la organización de las guerrillas.

Lacy alcanza la cumbre de su trayectoria militar con su nombramiento como Capitán General de Cataluña. Y es que “cuando él llega a Cataluña hacia poco que se había perdido Tarragona, una capital importante, y entonces él levanta los ánimos del ejército que estaba absolutamente derrotado, reorganiza las tropas y se gana el favor de toda Cataluña, le da un vuelco a la guerra en el principado”. Esto le proporciona un enorme prestigio a lo largo y ancho de todo el país.

El general Lacy fue un hombre con tacto y psicología que se compenetró muy bien con el pueblo catalán durante la ocupación francesa. “Él vivía el ejército. Fue un hombre entregado completamente a su profesión militar, además entendía que había que luchar a pesar de los peores momentos”, añade Pérez Girón, por lo que era muy común que realizara manifiestos para enaltecer la moral de los pueblos.

Sin embargo, la prometedora carrera del general Lacy se ensombrece con la vuelta del cautiverio del rey Fernando VII, quien deroga la Pepa y nuevamente instaura el Absolutismo.

Fernando VII, que no guardaba ninguna simpatía hacia Lacy y su ideario progresista, lo releva de su cargo. Entonces, en ese momento, el general sanroqueño organiza, junto a Milans del Bosch, un pronunciamiento que tiene lugar en Cataluña en abril de 1817 y que finalmente fracasa.

Tras este fallido levantamiento, el general Lacy es detenido y sometido a un Consejo de Guerra que le condena a muerte. Precisamente, este consejo estaba presidido por su amigo y conocido el general Castaños, que había sido gobernador del Campo de Gibraltar. Su voto resultó determinante para que Lacy encontrara la muerte la mañana del 5 de julio en los fosos del Castillo de Bellver, en Palma de Mallorca.

“Las vicisitudes de los restos de Lacy son tan apasionantes como la propia vida del general”, comenta con interés Pérez Girón. Y es que con la vuelta de los liberales en 1820, los restos de Lacy son rescatados y enterrados con honores de Capitán General en la Iglesia de Santa María del Mar, en Barcelona. Sin embargo, cuando desaparece el Trienio Liberal y regresa el Régimen Absolutista, ordenan deshacerse de los restos del general. “Hay un fraile que los entierra en el jardín de la iglesia y siembra un laurel para que siempre se sepa que están allí. Los restos permanecerán en este lugar hasta principios del siglo XX cuando se recuperan y son enterrados en el cementerio de Montjuic. Ahora se encuentran en el cementerio de San Andrés, en Barcelona, en el panteón de soldados ilustres”, explica el cronista.

Fue un personaje excepcional porque encarna los valores de la persona progresista. Fue un hombre que antepuso todo a la idea de la libertad.

En reconocimiento a esta figura de primer orden, Hijo Predilecto de la ciudad de San Roque, el Ayuntamiento ha organizado distintas actividades para su puesta en valor. El pasado 5 de julio, el consistorio celebró un acto homenaje con la colocación de una corona de laurel en la calle general Lacy, donde en 2002 se levantó un monumento a su memoria, obra del sanroqueño Juan Jesús Moreno Saborido. Junto al monolito, también se ha descubierto una cerámica que recuerda el bicentenario del fusilamiento del general. Además, en la 37º Edición de los Cursos de Verano de la Universidad de Cádiz en San Roque se ha organizado un seminario en el que divulgar la figura del general Lacy. Al mismo tiempo, Pérez Girón nos adelanta que la revista de estudios sanroqueños, que lleva el nombre de Lacy, prepara un número especial que recogerá diferentes trabajos en torno a la figura del general.

Y ¿el legado del general Lacy? Pérez Girón lo tiene claro, fue “un personaje excepcional porque encarna los valores de la persona progresista”. Un militar de principios que, pudiendo continuar con su carrera, lo apostó todo por sus ideales. “Es un hombre que antepone todo a la idea de la libertad”, destaca. La apasionante historia del general sanroqueño nos hace ver que fue un verdadero amante de la libertad, en todos los sentidos, incluso por encima de las relaciones personales, por encima de su propia vida.

Además, si quedaba algún detalle sobre la vida de este ilustre sanroqueño que pudiera intrigarnos todavía más, es que no sólo él escapaba de los moldes de la época, sino que también lo hizo su esposa, Emilia de Guermeur, una miliciana de los derechos de la mujer a principios del siglo XIX.

El recorrido histórico de este municipio no deja de sorprendernos, no tiene límites. Y es que, durante mucho tiempo, San Roque fue el centro político-administrativo de toda la comarca, erigiéndose como capital del Campo de Gibraltar, en aquel momento Campo de San Roque.

No cabe duda que la propia fundación de San Roque tiene que ver con el impulso de estos grandes personajes históricos, en el terreno político, cultural y sobre todo en el campo militar. San Roque “se constituye en la vanguardia militar de España con respecto a Gibraltar y aquí se concentran muchísimas fuerzas militares que hacen su vida en este lugar durante periodos largos”, posiblemente esa tónica haya servido para que este rinconcito haya visto nacer militares de la talla del coronel Montesinos, del coronel Rubín de Celis, del general Linares, o en este caso del general Lacy.

Precisamente, el genuino origen de San Roque ha llamado la atención de medios de comunicación de todo el mundo. “Es la única en el mundo, que se produce por la ocupación de un territorio militar, y como mayoritariamente la gente sale con su cabildo y funda otra ciudad que tiene una bandera igual que la de otro pueblo”, explica Pérez Girón.

La mejor tarjeta de presentación de la ciudad de San Roque es su patrimonio cultural. Un patrimonio que debe preservarse y sobre todo divulgarse tanto en el exterior como en el interior. Y es que esta riqueza no debe pasar desapercibida para los propios sanroqueños, que ahora, además, pueden y deben presumir con orgullo y conciencia de un paisano ilustrado, con mentalidad progresista que arriesgó su vida por la libertad de todo el país; el general Lacy, un mártir de la libertad.

Se el primero en comentar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.