García Arévalo: “Estamos tan bombardeados de imágenes que ya no sentimos nada”




Fernando García Arévalo (Foto: Pau Borredá)

La imagen inmortal de la primera patera cruzando el Estrecho en 1992, o los 15 años de material gráfico con una calidad innegable sobre el polémico Toro de la Vega tienen nombre propio. El del fotoperiodista Fernando García Arévalo, de Taraguilla, uno de los freelances más destacados del panorama informativo de toda nuestra provincia.

Tras ofrecer la charla inaugural del taller de Fotografía Documental que se celebró en el castillo Guzmán El Bueno, de Tarifa, entre el 31 de agosto y el 20 de septiembre, García Arévalo nos recibe en la cafetería del Hotel Guadacorte para repasar su dilatada trayectoria y comentar, con un cierto regusto amargo, la realidad del periodismo en la actualidad.

Es la segunda vez que este profesional de la información se sienta con Sanrópolis. La primera fue en agosto de 2013, protagonizando una de las primeras entrevistas de nuestra sección Cara a Cara. Ahora, más de dos años después, volvemos a encontrarnos con su talante más crítico pero a la vez más ambicioso, sin haber perdido ese afán de superación que le ha caracterizado durante toda su carrera como reportero independiente.

García Arévalo, en el Hotel Guadacorte (Foto: Pau Borredá)
García Arévalo, en el Hotel Guadacorte (Foto: Pau Borredá)edá

¿De dónde surge ese interés por el fotoperiodismo?

En mi familia no hay ningún referente periodístico pero desde pequeño yo siempre he sido muy curioso. Siempre he preferido vivir las cosas a que me las contaran. Primero me interesé por la fotografía, luego por el fotoperiodismo y finalmente supe que lo que de verdad me interesaba era el periodismo. Tengo una anécdota que recuerdo con mucho cariño: me compré el primer papel fotográfico en Foto Jaén -en Algeciras-, y lo primero que hice al llegar a casa fue sacarlo de la caja para verlo. Evidentemente eso no se puede hacer a menos que sea en un cuarto oscuro porque se vela. Imagínate el nivel que tenía, pero es que tuve que aprender de forma autodidacta porque no había dónde estudiar. Monté mi laboratorio en el cuarto de los contadores de mi edificio, y ahí empezó todo. Después me fui a Madrid a estudiar fotografía en el CEF, una escuela puntera en aquella época. Me especialicé en fotoperiodismo y empecé a trabajar en algunas agencias. Desde esa época me gusta denominarme reportero independiente, que son dos palabras que definen perfectamente lo que hago porque el 80% de mi trabajo ha sido de manera independiente, y me he acostumbrado a ello. Lo mejor que tengo es que no tengo nada. Soy libre, o todo lo libre que se puede ser hoy en día.

Monté mi laboratorio en el cuarto de los contadores de mi edificio, y ahí empezó todo

Gran parte de su trayectoria la ha dedicado a cubrir el tema de la inmigración. ¿En qué momento decide ir al puerto de Tarifa y posteriormente a África para retratar esa realidad?

Como en todo, me movió la curiosidad. En el año 92 se empezó a hablar de que estaban llegando inmigrantes a Tarifa, aunque ni mucho menos con el flujo con que llegan ahora. Era una cosa muy esporádica, pero ya veíamos que estaba pasando algo que traería cola. A mí me pilló estudiando. Me vine a pasar el mes de agosto y decidí irme todas las noches a Tarifa, a dormir en la playa con los prismáticos. Me tiré mes y medio allí, hasta que un día conseguí montarme en la zodiac de la Cruz Roja. Salimos y vimos una patera. Aquello todavía no se me ha olvidado. Saqué las primeras fotos de una patera   que se han hecho en el Estrecho. Ese tipo de trabajos antes te abría puertas y te daba prestigio, pero hoy en día no valen absolutamente para nada. Sin embargo, pienso que es importante poder mirar atrás y sentirte orgulloso de haber hecho algo con honestidad e integridad. Decidí coger un camino como periodista freelance y seguirlo, siendo consciente de las consecuencias. Pude haber trabajado con grandes agencias gráficas, pero siempre me pareció un trabajo muy fácil. Además, trabajas con demasiada presión, y al retratar a gente que lo está pasando mal, me merece muchísimo respeto, por lo que prefiero dedicarle tiempo para enterarme de lo que realmente pasa. Lo otro no es mi estilo.

García Arévalo posa pasa Sanrópolis (Foto: Pau Borredá)
García Arévalo posa pasa Sanrópolis (Foto: Pau Borredá)

¿Puede uno mantenerse al margen de la realidad que fotografía, más si cabe cuando hablamos de temas como la inmigración o los conflictos bélicos?

Realmente sí se puede estar al margen. Ryszard Kapuściński publicó el libro “Los cínicos no valen para este oficio”. Pienso que a lo mejor no valen, pero sí viven de él. Hay gente muy cínica en esta profesión y a la que le va muy bien precisamente por eso. A mí, sin embargo, me preocupa de verdad la gente que fotografío. Quiero creer que lo que hago sirve para algo, aunque ya estoy convencido de que no. Hace poco se cumplía un año de la foto de Aylan, el niño sirio muerto en la playa. ¿Para qué ha valido esa imagen? España se comprometió a acoger a aceptar a 16.000 refugiados antes de final de 2017, y a día de hoy no llegamos a 600. Estamos tan bombardeados de imágenes que ya no sentimos nada. Creo que el periodismo nunca volverá a ser lo que era. El problema del periodismo es que los que toman decisiones no son periodistas sino empresarios, y un empresario está para ganar dinero. Hoy en día, un periodista escribe, hace fotos

y graba vídeos, y cada vez se le pide más y se le paga menos. Nuestra profesión está tomando unos derroteros muy graves que además vienen para quedarse, y ese es el verdadero problema.

Ana Mari ‘La Pelá’ nos comentaba que es muy importante haber nacido en el Estrecho para entender la realidad que se vive tanto aquí como en el norte de África. ¿Estás de acuerdo?

Estoy totalmente de acuerdo. La gente que llega por primera vez al Campo de Gibraltar se asombra de lo cerca que está África, pero nosotros vivimos totalmente de espaldas a Marruecos. En mi caso, empecé a cubrir la llegada de las pateras porque sentía que era mi obligación. No podía mirar hacia otro lado porque si no ahora mismo no tendría autoridad moral para dedicarme a esto. Los primeros años de la inmigración están cubiertos porque periodistas freelances José Luis Roca, Toni Mejías, Paco Carrasco, Andrés Carrasco o yo mismo nos íbamos todas las mañanas sin que nadie nos mandara. Y ahora, ¿cómo puede ser que muchos de los mejores periodistas de la comarca estén en el paro? ¿A dónde está llegando el periodismo? Hay gente que podría estar trabajando en cualquier sitio y no lo está porque apestan las redacciones, y no lo digo con la boca chica.

El problema del periodismo es que los que toman decisiones no son periodistas sino empresarios

¿De qué forma se hace frente a esa disyunción entre calidad e inmediatez?

Es complicado, porque son términos en principio antagónicos. Una vez que la inmediatez se ha alimentado -y por supuesto debe hacerse con datos contrastados, cosa que no siempre ocurre, cuando empezamos a profundizar, ya cuesta dinero. La calidad es tiempo y dinero. Alguien decía que lo que se hace con tiempo, el tiempo lo respeta, pero eso no casa con el ansia de información inmediata que tienen los grandes grupos de comunicación, que por otra parte no saben por dónde tirar. Ofrecen todos los contenidos gratis por Internet y sacan el papel por otro lado. No acaban de decidirse a acabar con el papel, y lo cierto es que se acabará de aquí a no mucho.

¿Qué es lo que más le ha marcado en su trayectoria?

Los sonidos, pero especialmente uno. Fue en Tarifa, en la playa de Los Lances. Estaba fotografiando un cadáver en la orilla y vi cómo las olas golpeaban a otro contra las rocas. Decidí sacarlo y, mientras tiraba de él, sonó un móvil. Era el móvil del cadáver, que lo llegaba pegado al chaleco con cinta americana. Ese sonido, ese instante no lo olvidaré nunca. Tiempo después intenté averiguar de dónde venía esa llamada para me resultó imposible. A veces me imagino que era su madre para preguntar si estaba bien.

El fotógrafo de Taraguilla, Fernando García Arévalo (Foto: Pau Borredá)
El fotógrafo de Taraguilla, Fernando García Arévalo (Foto: Pau Borredá)

Otro de sus grandes trabajos se ha desarrollado en torno al Toro de la Vega. Cuéntanos su experiencia tras 16 años cubriendo el torneo. ¿Cómo es realmente la fiesta por dentro?

La primera vez que fui me quedé alucinado y supe que eso iba a dar que hablar. Ha sido muy complicado recopilar todo ese material gráfico por la peligrosidad que conlleva. A nivel personal, estoy en contra del Toro de la Vega pero también de las corridas de toros. Creo que la solución pasa, más que por prohibir, por hacer una campaña de sensibilización. El Toro de la Vega se iba a acabar solo porque gente que se atreva a ponerse delante del toro y que sepa cómo lancearlo cada vez queda menos. Con los años, yo me he vuelto muy pro Tordesillas, porque se le ha dado mucha caña al pueblo, en ocasiones incluso faltando a la verdad. ¿Por qué no se cuestionan los ‘Bous al carrer’, los Toros de Fuego o las propias corridas? El día que se acabe con todas estas fiestas, la gente que vive del toro tendrá que renovarse, como también tenemos que hacerlo en muchas otras profesiones.

Este trabajo culmina con la presentación de un documental. ¿Qué salida comercial tendrá?

Es un documental de 14 minutos que está pensado especialmente para los medios digitales. Donde lo han visto han estado encantados, pero no he conseguido venderlo porque he sido imparcial y ahora lo que se lleva es darle caña al Toro de la Vega. Yo he querido ofrecer un trabajo que creo que se presta mucho a interpretaciones porque las dos partes son irreconciliables, y por eso he dado voz a todo el mundo. ¿Matar al toro de una lanzada es una barbaridad y darle una estocada es arte? Que me lo expliquen. Joaquín Sabina, que es una persona muy taurina, dice que no discute con los antitaurinos porque tienen razón. Está demostrado científicamente que el toro sufre. Y nuestra fiesta se basa en ese sufrimiento del animal.

¿Matar al toro de una lanzada es una barbaridad y darle una estocada es arte?

¿Sigue creyendo en el periodismo?

No. No creo en el periodismo ni en el poder de la imagen, pero voy a seguir sin tirar la toalla. No voy a dejar que me derrote el mundo periodístico. Cuando no vendí el reportaje del Toro de la Vega me llevé un disgusto enorme, pero quiero seguir llevándome disgustos porque eso es lo que me permite estar vivo. Yo cumplo con mi papel y sigo un camino, aunque lo hago de forma agnóstica. Seguir un camino cuando crees en él y fácil; lo realmente complicado es hacerlo cuando sabes que no te va a llevar a ningún sitio. Aunque eso es relativo, porque yo sí estoy muy orgulloso del trabajo que he realizado. Es cierto que no he trabajado en grandes agencias pero porque he preferido seguir otra línea profesional. He dicho que no en muchas ocasiones y no me arrepiento. En el fondo somos mucho más libres de lo que creemos. Muchas veces somos nosotros mismos los que nos cortamos las alas de la libertad, pero hay gente que nace directamente sin alas. Hay quien no puede pagar la hipoteca y piensa que está jodido, pero al menos ha tenido la opción de elegir. Vivir en la Franja de Gaza sí es estar jodido.

1 Comentario en García Arévalo: “Estamos tan bombardeados de imágenes que ya no sentimos nada”

  1. Sobre el toro de la Vega no es fácil tener un punto de vista así ya que la gente coge las palabras con pinzas y las lee a su manera malinterpretandolas. Pero desde luego no te falta razón.

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