Ana María Núñez: “Volvería a ser maestra, es la profesión más bonita del mundo”




Ana María Núñez Guzmán, más conocida como ‘La Pelá’, nos recibe en Sabinillas, donde pasa el verano disfrutando del mar, el tenis y la lectura.

Esas son algunas de las pasiones de una mujer de 65 años cuya biografía daría para escribir un libro. O, casi mejor, una trilogía. Ana ha dado clases a emigrantes, a presos y a niños con discapacidad, ha tomado parte en la fundación de la UNED y ha vivido durante siete años en Zurich. Por el camino le ha dado tiempo a tener dos hijos -uno de ellos es Abel García, presidente del CD San Roque– y a fundar un partido político en San Roque.

Actualmente, ya jubilada, pasa largas temporadas en su apartamento en Sabinillas. También le encanta viajar, especialmente para seguir a Rafa Nadal o a cualquier otro tenista español. Su presencia en la final del Roland Garrós, animando a Garbiñe Muguruza frente a Serena Williams, se hizo viral en las redes.

Hoy, con un refresco en una terraza en primera línea de playa, charlamos tranquilamente con Ana en una jornada que dará mucho de sí. Entrevista, sesión de fotos en su apartamento y degustación de una exquisita lasaña en el restaurante de su amigo italiano Tonino.

¡Buen provecho! Comenzamos.

¿Por qué ‘La Pelá’?

A mi tatarabuelo ya le llamaban ‘El Pelao’, desde que se rapó la cabeza en la mili. Somos una familia muy grande y a todos nos conocen como ‘Los Pelaos’. Vivimos casi todos en San Roque. Mi abuelo tenía un cortijo en Albarracín. Allí se conocieron mis padres y allí me he criado yo. Hoy en día a mucha gente de mi familia les molesta que les llamen ‘Pelaos’ pero a mí me gusta porque me siento muy orgullosa de dónde vengo.

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Ha pasado toda su vida dedicada a la educación, y siempre en los ámbitos más complicados.

Me fui a Madrid con mi ex marido y, al llegar, empecé a trabajar en el Pozo del Huevo, que era una zona muy deprimida. Con el padre Ángel, Tierno Galván y Pepe Ojeda, que eran los responsables de Educación, dimos clase a los gitanos en unas aulas prefabricadas. Estuve por lo menos cinco años. Después me llamaron para la cárcel de Carabanchel. Fui la primera mujer que entró en la cárcel a dar clase a los jóvenes. Fue una época muy bonita. Creamos un método de lectura nuevo, basado en un abecedario hecho con imágenes. He llegado a tener tres hermanos en la cárcel. Imagínate lo que era para una familia tener tres hijos en la cárcel.

Sobre el año 80, cuando llegó el SIDA, salí de la cárcel y me fui a trabajar al colegio Virgen del Cerro con paralíticos cerebrales. Los siete siguientes años los pasé dando clases a emigrantes. Luego me fui a Zurich, donde se quedó mi hijo mayor a estudiar Medicina. Allí tenía pasaporte diplomático, pero nunca lo utilice porque siempre he pensado que ante la ley y la justicia todos somos iguales, cosa que con el tiempo he comprobado que en realidad no se cumple.

Recibo más de la gente que he enseñado que lo que yo misma les he podido aportar

Volví a Madrid a Vicálvaro, y allí di clases de alfabetización a gente mayor. En el año 2000 regresé a San Roque porque a mi madre le detectaron cáncer. Al llegar me metí en Fegadi. Había 10 ó 12 niños y cuando me jubilé lo dejé con 63. Entre medias, he trabajado en la UNED desde su creación porque fue una idea de Enrique Tierno Galván para que todos los españoles pudieran tener una carrera, por muy apartado que estuviera su pueblo de las grandes ciudades.

Las experiencias que he vivido en la educación no se pagan con nada. En el accidente de Atocha se me murieron tres alumnos (se emociona).

¿De dónde surge esa vocación por la educación?

Estudié Magisterio por vocación y después hice Biblioteconomía y Documentación porque soy una lectora empedernida. Si volviera a nacer, volvería a ser maestra. Es la profesión más bonita del mundo, y mucha gente no sabe valorarla. Siempre he trabajado con las personas difíciles porque mi carácter es así. Lo hago por lo que ellos me dan a mí. Yo recibo más de la gente que he enseñado que lo que yo misma les he podido aportar. Tengo ex alumnos míos que se han comprado pisos aquí en Sabinillas, y que me ven como una madre.

Háblenos sobre su experiencia política. Fundó el Partido Independiente Sanroqueño, por el que se presentó a las elecciones municipales en 2006.

Los primeros recuerdos que guardo de la política se remontan a cuando estudiaba en Sevilla. Allí había un movimiento de gente de izquierdas que nos reuníamos detrás de la Catedral. Fue entonces cuando empecé a tener un poco de conciencia de que estaba viviendo en una dictadura, porque hasta que no me salí del pueblo no era consciente. Yo he sido siempre socialista, pero soy socialista de las antiguas. Había participado en la creación del PSOE en San Roque. Años después, cuando regresé de Madrid, no me gustó nada cómo estaba la formación y por eso decidí crear un partido nuevo en mi pueblo. El Partido Sanroqueño Independiente. Logramos 498 votos. En lo personal sufrí mucho, me operaron dos veces. Tuve que elegir entre la política o mi salud, y elegí lo segundo. Desde entonces me dedico a viajar, que es otra de las cosas que más me gusta.

Hasta que no salí de San Roque no era consciente de que vivía en una dictadura

¿Cómo vivió los años de dictadura y la Transición?

La gente que hemos vivido la Transición estamos marcados, porque hemos pasado de una dictadura a una democracia cediendo, dándolo todo, jugándonos la vida. Teníamos una ilusión tremenda porque vimos que podíamos acabar con la dictadura y contribuir a instaurar la democracia. Esa lucha y ese sufrimiento se transforman luego en una alegría inmensa y un gran compañerismo, cuando ves que tenías razón y que estabas luchando por una causa justa.

Allá donde va, siempre lleva la bandera española.

Sí, y la gente se piensa que soy facha. Es algo que no soporto. La bandera española es de todos los españoles, de centro, de derechas, de izquierdas, y también de los extremistas, nos guste o no. Es la bandera de todo el país y me fastidia que la derecha se apodere de ella. Yo me siento, primero española y luego sanroqueña. No entiendo tampoco la postura de los independentistas. Los vascos y los catalanes se lo deben todo al pueblo andaluz y al extremeño. La ETA mató a muchos andaluces y extremeños que se habían metido a la Guardia Civil porque prácticamente no tenían otra alternativa. Hoy en día, los andaluces somos la puerta de Europa, pero no lo sabemos explotar. Somos un pueblo pacífico y tranquilote.

La bandera española es de todos los españoles y me fastidia que la derecha se apodere de ella

Dice que se siente orgullosa de ser sanroqueña. ¿Cómo ve nuestro pueblo hoy en día?

San Roque no ha cambiado nada en los últimos años. A cualquier parte que vayas del mundo, por muy pequeño que sea el pueblo o por muy grande que sea la ciudad, el casco siempre es peatonal y es lo que está más cuidado. Aquí eso no pasa, nuestro casco no tiene vida. Además, tenemos la zona residencial más importante de Europa y no la estamos explotando. Sotogrande sí ha cambiado mucho. Mucha gente importante se está marchando. También tenemos un polígono industrial que es de los más importantes de Europa. Con todo esto, me pregunto por qué estamos como estamos. No lo entiendo. Creo que el sanroqueño es un apático. Si nosotros mismos no levantamos el pueblo, ¿quién lo va a hacer? Me siento muy sanroqueña, y a veces me duele darme cuenta de cómo está el pueblo.

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Cambiando de tema, es usted una apasionada del tenis. ¿De dónde le viene esa afición?

Con 10 años aproximadamente empecé a seguir a Manolo Santana. Ahora va a hacer 50 años que ganó Wimbledon. Entonces yo tenía 15 años. La ilusión de mi vida era haber podido jugar al tenis. En Madrid cumplí ese sueño, pero nunca jugué en un club de forma seria. Era alta, delgada y fuerte, creo que podría haber sido tenista, pero entonces no había posibilidades. En cualquier caso, empecé a aficionarme muchísimo a ver tenis. Hoy en día vivo el tenis. Cuando voy a una pista me dan igual las cámaras. No estoy pendiente de eso, únicamente miro el partido y trato de ayudar al tenista apoyándole como buenamente puedo. Soy de las que piensa que a los tenistas hay que seguirlos desde el principio. He ido a ver partidos en los que en la grada solo estábamos la madre del tenista y yo. La gente solo va al tenis al olor de la fama. Yo no soy nada mitómana. Me gusta el tenis y punto.

Tuve que elegir entre la política o mi salud y elegí lo segundo

¿De dónde surgen los famosos yuyus que les lanza a los contrarios desde la grada?

Soy muy supersticiosa para algunas cosas. Cuando veo partidos por la tele siempre quedo con mis amigas Ana y Pili.  Los yuyus es una cosa que Ana aprendió en Tánger, y yo lo aprendí de ella. En la final de Roland-Garros le eché los yuyus a Serena Williams cuando Garbiñe iba ganando 6-4. Tiene una cantidad de tenis increíble pero mentalmente todavía es débil y yo sabía que si Garbiñe pensaba que podía ganarlo, se le iba el partido. En eso Rafa Nadal es completamente opuesto. La mente de Rafa es el 90% de su tenis. El 90% de partidos que gana lo hace en el vestuario porque los rivales se vienen abajo de pensar que se tiene que enfrentar a él. En el mundillo me conocen como la Nadalada, porque así es como yo llamo a las bolas imposibles que salva Rafa.

La gente solo va al tenis al olor de la fama

pela9Cuando acude a ver tenis, su vestimenta y sus gestos son algo que llaman realmente la atención. ¿Pero cómo es la Ana que no vemos en las gradas?

Llevo siempre mi gorro y mi bandera española. La Virgen de las Angustias me la han puesto este año, cuando he cumplido 65 años. También llevo una cruz de mi madre que me la quedé cuando ella murió. ¡Un poco más y me ponen todos los santos de San Roque! Es cierto que soy muy creyente. Voy a misa cuando tengo necesidad de ir. Para mí, lo más importante de mi pueblo es la Semana Santa y suelo colaborar con las cofradías. En lo personal, tengo muchísimas amigas y soy muy amiga de ellas, porque saben siempre que pueden contar conmigo para lo que sea. Otra de mis pasiones es la lectura. Tengo amigas que no han leído dos libros en su vida y yo intento transmitirles esta afición, pero no hay manera. Es lo mismo que pasa como la educación en este país. Si no se marcan unas reglas, la gente se desmadra.

Para acabar, volviendo a la actualidad, ¿qué opina sobre el Brexit?

Quizá por haber nacido en el Estrecho tengo un concepto de emigración que la gente no entiende. Haber nacido aquí es muy importante. Recuerdo que la gente en Madrid hablaba de Gibraltar sin tener ni idea. Media parte de Gibraltar son españoles. Aquí no ha existido nunca la rivalidad, pero me da mucha pena el concepto que se tiene ahora de la emigración. Quizá Reino Unido se vaya de la Unión Europea, pero Gibraltar se quedará como está. La verja seguirá abierta y seguiremos entrando y saliendo. Gracias a que está Gibraltar come el Campo de Gibraltar. No hay que olvidar que hay 6.000 personas que entran cada día a trabajar, además del trapicheo que existe con el tabaco. ¿Qué pasa con esa persona que no tiene para comer y entra cuatro veces y saca 10 o 20 euros? Bendito sea ese dinero.

 

Llegamos al final de la entrevista y acordamos dejarlo en deuce, con la bola bailando indecisa sobre la red. Tonino, el juez de línea, nos observa orgulloso, sabiendo que él sí ha ganado su partido en la cocina. De la lasaña no quedan ni los restos, pero nuestro particular match point tendrá que esperar.

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